Hice una pausa al ensamblar aquel pino artificial y corrí apresurado a contestar el teléfono. Los árboles del jardín miraron etonces por la ventana y lo encontraron ahí, desnudo, solo, mudo; expuesto a mitad de la sala con la monótona sencillez vespertina de un mueble tímido...-¿Quién es él?- preguntó el árbol más jóven.
-es un maniquí...- respondió el otro
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada