lunes, 12 de octubre de 2009

Creo en Dios

No, no soy ateo; creo en Dios.
Creo que tiene mucho de incongruente y que algún día deberá darnos la cara.

Creo estúpido condenar los pecados implícitos en la naturaleza de su propia creación,
Creo que jugar a Big Brother con nuestras existencias imperfectas es una broma muy pesada,
Creo injusto que todos paguemos por Adán y Eva.
Creo que El Creador se hace de la vista gorda con los niños en África y las Muertas de Juárez.
Creo que Yahveh usa ligueros por las noches disfrazado de Belcebú.
Creo que tanto el diluvio como la explosión de Sodoma y Gomorra, prueban que Dios es vengativo y no amoroso.
Creo que torcerle la vida a Job sólo por apostar contra Lucifer fue un pasatiempo ocioso muy cruel de su parte.
Creo desigual y poco parejo que, mientras cancerosos, anémicos, alcohólicos y diabéticos puedan testificar que Dios sanó milagrosamente sus vidas, los amputados no puedan aspirar a presumir su brazo nuevo concedido justamente por un milagro el Espíritu Santo.

Y sé, sobre todo que la culpa de esta decepción es toda nuestra;
por confiar en él.

Creo en el fondo que el error fue (desde el principio) creer en un Dios sin maldad,
Creo que ser eterno y omnipotente es motivo suficiente para actuar sin bondad,
Creo que Dios nunca nos prometió ser justo y comprensivo,
Pero creo también que debería haber publicado ya una fe de erratas con respecto de la Biblia.

Creo en Dios y no hay día en que deje de retarlo desde el fondo de mis entrañas,
Todos los días pienso en él y hago oración sincera para reprocharle sin cansancio,
Como todo humano, soy su imagen y semejanza, templo de su espíritu; recipiente de su porquería.

Cada anochecer miro al cielo para vomitarlo de todo corazón y sé que mi rencorosa esperanza de salpicarlo es más grande que los impersonales rezos de memoria, tengo un dolor más franco que las confesiones censuradas de un diputado, que el hipócrita el persignar de un marido golpeador frente a la catedral, el canje de Padres Nuestros y taparroscas marcadas por el perdón divino; tengo también la necesidad de evadir la estúpida posibilidad de ser feliz pidiendo perdón sin pensar en la amargura de quienes procuran hacer lo correcto.

Claro, Dios y yo nos llevamos muy pesado:
Soy ese amigo que jamás le dice lo que quiere escuchar,
Soy un borbotón de semen en su gelatina de cereza,
Soy un santo de la blasfemia,
Un creyente incómodo,
Un nombre que desearía tener en su lista de ateos,
Una de tantas ilusiones agónicas soñando ser correspondidas;
El inevitable resultado de vivir a su manera un mundo que es sólo nuestro.

Sí, el dedo de en medio lo tengo levantado hacia el señor,
Justa y necesariamente le agradezco no se atreva a bañar de agua puerca la frente de mis hijos,
Confieso ante Dios Todo Poderoso y ante ustedes, Hermanos, que creo en Dios,
Que la mala paga a quienes creímos sus reglas no puede quedar impune
Y en verdad os digo: si El Creador se atreve a cruzar la atmósfera; tendremos que matarlo.

Definitivamente, no soy ateo; creo en Dios.
Creo que tiene mucho de incongruente y que algún día deberá dar la cara.

Amén.

1 comentario:

Bruja Kozmica dijo...

jaja coincido, pero creo que el nunca dijo nada, solo se limito a hacer lo que le vino en gana.