sábado, 25 de abril de 2009

Esa Niña…


Recuerdo el puente y el momento justo en que olvidé lo que estaba por decir…


Nuestras lentes dormían la siesta de las 6:00 p.m., la palabra “tétanos” me resultaba tan envolvente como placentera y sí, es verdad que los cerros le tapaban la vista al sol. Recuerdo también que el sol deseaba ver la ciudad antes de dormir, que los infinitos y brillantes resortes negros que brotaban de Daniela capturaban mi atención, que mis ojos creían haberlo visto todo, que el diablo se cagó de risa, que los frenos de los autobuses eran el soundtrack de la tarde; que por fin tenía un poco de silencio y que todo estaba bien, aunque yo… yo no me daba cuenta…


La suma de todo en ese momento era como estar “encerrado en el exterior” imaginando cosas junto a alguien diferente (a veces diferente de mí, a veces del mundo; a veces de todo, incluida la nada). El aroma del mercado te coloca siempre en otro sitio y un bache en las sinapsis basta para extraviar la charla. Así que, de pronto…en ese momento…


Algo, alguien;

No lo sé…


Subió por las escaleras del puente y sus tacones nos robaron la atención, no tenía la estatura de un adulto, ni la cara, ni los pasos, ni el perfume… cosa diferente de su vestido: el atavío de preludio a la eucaristía, su gallardía, el collar, las pulseras y la porción de cielo que le correspondía; esos sí eran de alguien mayor…

Era minúscula y solemne, era añeja, pero era ante todo una niña, era muy púrpura, muy rosa, muy tapiz, sobre todo mágica, un “duende Chanel”, señora, ángel; muy parecida al diminuto y precioso joyero que mi Madrina jamás tuvo. Brillaba como la viuda que en su reencuentro con la vida encontró un jardín, como un libro leído mil veces que hubiera sido reescrito sin notarlo, como la tía mayor que tomó prestado el cuerpo de la primaria; No lo sé, no alcanzo a explicarme, pero estaba viva... tal vez sin haberlo deseado, pero estaba viva, como si la vida misma se hubiera agrupado entre los pliegues de su tela y la llevase sin remedio por un camino inevitable y carente de codicia.


La vimos pasar boquiabiertos, con una rosa entre sus dedos —del mismo modo, creo que la rosa llevaba prendida a su tallo los dedos de una lágrima proveniente de Belcebú cuando era niñopero ella parecía no inmutarse ante el contexto. Talvez en aquella pequeña cabecita rebotaran pensamientos acerca del mandado o el té para dormir —¿Viste eso?— preguntó alguno de nosotros dos, no importa quién, de todos modos estábamos pensando/sintiendo lo mismo. Y he de confesarlo, de no haber estado acompañado, podría jurar que esa niña fue producto de mi imaginación; era difícil pensar que ella había salido de algún lugar o que sus pasos se detendrían en algún espacio tangible. ¿Era el Diablo? ¿Era Amélie Poulain reencarnada? ¿Era mi alma?¿Era “la tarde vestida de señora”? ¿Un sueño en voz alta? ¿Un error en la Matrix? ¿Un milagro? ¿Era el alma de Daniela? ¿Dios Padre? ¿La mente de un sujeto vegetal telequinético? ¿Qué era?


—si alguna vez tuviera una bicicleta, tendría que ser como esa niña; con la misma personalidad y la misma atmósfera— dijo ella una hora más tarde y la bicicleta en mi mente recorría los años 40 en algún puerto viejo de este planeta —así con tiritas en el manubrio…—.


Detalles van, vienen, se reagrupan, se reconstruyen y todo es al final tan relativo como mi punto de vista sobre ese humanito de cabello corto y largas incógnitas.

Sin embargo, este instante fluye liviano aquí y en China, fluye bien y no hago si no recordar bien el puente; la cara que pongo cuando observo otra cara que observa mi cara al observar algo y el momento justo en que olvidé lo que estaba por decir…

1 comentario:

daniela cg dijo...

después de 5 leídas, creo que ya se porque me gusta... lo entendí a la perfección.

¿será así para todos?