viernes, 20 de marzo de 2009

Ocho Simios


No sé si será por desconfianza, dificultades en la coordinación, el miedo de acabar haciéndolo todo yo, la gran paranoia de considerar incapaz al prójimo o simplemente el excesivo culto a la perfección que absurdamente profeso, pero a veces me cuesta trabajo trabajar en equipo.

No obstante, ayer fue diferente...

Tal vez los que solemos mandar y dirigir, hemos aprendido a obedecer; tal vez sabemos dar órdenes tan buenas que ahora podemos obedecer sin repelar en absoluto...

Este reencuentro de simios jugando a contar historias no estuvo nada mal y, entre granizadas, imprevistos, cables, micrófonos, cortes, lentes, cassettes, bitácoras, monitores, audífonos, reflectores y representaciones diversas de la realidad, nos agarramos a grabar por toda la ciudad.

De 9:00a.m. a 01:00a.m.
16 horas sin parar,
32 medias horas sin discutir,
64 cuartos de hora en coordinación armónica,
128 octavos de plena rotación en el minutero durante los cuales grabamos un cortometraje.

No sé; hoy tengo todavía el buen sabor de boca que genera el ver a cada quien haciendo correctamente lo que le toca, observar los límites de las individuales atmósferas mezclándose con las atmósferas del otro -sin estorbarse ni dejar de distinguirse-.

Errores, todos los tenemos...

-Pero grabar la escena del incendio sin llevar gasolina, ni antorcha no tiene perdón XD
-Intentar grabar... ¡Sin tener puesto el cassette! eso un acto de fe XD

En fin, nunca antes la ciudad me pareció tan viva en sus colores de arena colados por la lente, nunca antes el trabajo me borró por completo la idea del hambre y, sobre todo, jamás había aprendido tanto de mi equipo como lo hice ayer.

Banquetas, polvo y paredes que se caen a pedazos con la brusca espiral del tiempo, los ojos del cielo despejados después de llorarnos 13 nubes, el olor de la tarde, los pasos de quien camina junto al rodaje y no sabe qué pensar, la canción precisa en el mp3 mientras cambias de locación, de mirada, de alma; de voz.

Todos separados, todos volando en su limbo; pero desde su galaxia, todos miran al mismo punto en el centro de la mesa.

Y pasa que los reencuentros suelen ser interesantes, pero "pluralmente autoconstructivos" me resulta una mejor forma de etiquetar lo que ocho simios con ganas de hacer cine pudimos conseguir en un en un accidentado jueves de lluvia.

Diálogos capturados nítidos, rebotes de luz a la orden, simbiosis hombre/cámara sin muchos peros; la realidad se entregó completa al placer de ser besada y nosotros nos volvimos el tembloroso amante que ella no esperaba.

Banda de rock ensayando al fondo, desvío de coches para el último tramo, emboscada de granizo, mutaciones en el comportamiento del sol crepuscular; Fito Páez tiene razón: "todos giran y giran".

El ritual de la captura audiovisual culmina en los tacos: calcetas empapadas, espaldas torcidas, brazos punzantes, vista en modo de ahorro de energía, humor simple al máximo, 7 ºC en el termómetro, una o dos horas recorridas en el reloj del nuevo día y, en las fauces que mastican vigorosas se dibujan muecas parecidas a una sonrisa.

Ocho refrescos junto a las salsas,
Ocho simios jugando a desarmar el mundo para volverlo a armar,

Déficit de tuercas en el reensamble,

El pulso de la madrugada acelerado y...

Sí, definitivamente ayer fue diferente...

1 comentario:

Bruja Kozmica dijo...

XD jeje crear un incendio sin combustible, eso si es de titanes, que bonita narrativa, fluida y fresca como agua de limon...y por cierto FELICIDADES a mi parecer no saber trabajar en equipo es una buena señal.