martes, 9 de diciembre de 2008

Respirar Dinosaurio


12:34p.m… Espero un camión instantáneo o, en su defecto, un taxi medianamente retardado; la finalidad es la misma, no llegar tarde —no demasiado—.

Cierto, el sol se ha estacionado en mi coronilla y un pandemonio industrial hizo nido en la banqueta donde yo espero para ver agonizar mi tiempo…

(…)El municipio ha decidido aplicarle pedicura al asfalto y, como resultado de ello, esta tarde han llegado tres máquinas a caminar frente al edificio donde vivo; orugas robot que se alimentan de chapapote y defecan carpetas asfálticas(…)

Las suelas de mis tenis golpean el suelo en repetidas ocasiones, estoy algo impaciente —¡No llega el taxi!— pienso.

La respiración de las orugas es ruidosa, ¡Rrrt! ¡Rrrt! ¡Rrrt! Motor por tripa, hervor por digestión… Inhalan cuando el hombre del casco amarillo mueve algún fierro, un botón; exhalan poco después… y las orugas se mueven lento mientras defecan hirviente diarrea petrolífera de color obsidiana.

Nacidas para vomitarse en el suelo, las orugas robot respiran lento… respiran profundo… exhalarán siempre el mismo humo gris…

La calle queda poco a poco envuelta en una pesada niebla…

Quiero respirar y no debería, el humo del petróleo podrá ser estético, pero no deja de ser tóxico, jamás inhalable…

La nube se condensa en torno a mí y el buche de oxígeno que había tomado se me termina…

Hilos grises que flotan ligeros junto a mí para acariciarme la cara; humo que oscila alrededor mientras el aire se me agota…

¡Toktok!¡Toktok!¡Toktok! Puedo escuchar mis latidos…

¡Rrrt! ¡Rrrt! ¡Rrrt! Las orugas no cesan…

¡Rrrt! ¡Toktok! ¡Rrrt! ¡Toktok! ¡Rrrt! ¡Toktok!

Finalmente, me decido, no tengo demasiadas opciones; inhalo hondo una bocanada de oxigeno ennegrecido, el sabor del carbonífero suspiro me recorre la boca nariz y tráquea… es chapapote, es petróleo…

Si el petróleo es fósil, entonces tiene sentido: en este momento respiro el cuerpo de un dinosaurio anónimo, me encuentro respirando brontosaurios y, en medio de la nube de humo, mi desesperación se torna fantasía, pues un lagarto gigantesco se ha colado entre mis fosas nasales y me recorre los pulmones…

Escamas acariciando el esófago…

Las garras me astillan las costillas…

y su cola de gaseoso temperamento me sacude las neuronas…

El mareo ya lo siento y es la resulta de tanto carbono pegado en los pulmones, el sol me sofoca y, por supuesto, el taxi no pasa, ni pasará, pues la calle está en reparación y desvían el tráfico desde cinco cuadras abajo.

La espera no tuvo sentido, pero esas orugas mecánicas lograron hechizarme, la sombra del reptil milenario me atravesó el cerebro, la verdad, no sé si respirar dinosaurio es sólo otra manera de llamarle a la lesión cerebral, pero ¿Qué importa? ¿Quién podría contradecirme si no yo mismo?


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