lunes, 8 de diciembre de 2008

Jue El Diablo


Todavía estaba yo muy chamaco, en aquella época no me cepillaba el alma el estrés, lo más parecido a tal fregadera, era cepillar, pero los zapatos de señores panzones y maldicientos.

Mi vida en el Valles huastecote de los años 50 era el mercado, me la vivía haciendo los mandados. Tenía yo un escondite en el monte detrás de la casa, sí, ahí: entre yerbas, chicleques y guásimas. Me gustaba andar encuerado y dejar que me corretearan ¿Pero quién chingaos les habrá dicho que bañarse era bueno?

El chiste es que, esa vez, llegó a mi banquito de bolear una pareja de compadres; ya traían empezada la plática. Uno se me hacía conocido, pero el otro no.
El bigotón, que se me hacía familiar, se sentó a dos nalgotas sobre el banco y yo... pus yo a lo mío; caminando y miando ´pa no hacer hoyo.


—n´ombre, si llegué rete cansado a la casa, compagre o, más mejor dicho, llegué todo chinito del susto; aparte con un fregado moretón— dijo el bigotón.

—¡ooh que la jodida compagre! ¿Pus hora que chingaos le pasó?— preguntó el otro.

—ire, pus le voy a ser sincero, compita; a mí se mi hace que la Teodora me trae enyerbado—

—¡No la amuele! ¿Cómo va a ser?—

—Es que ayer en la tarde me pasó rete feo—

—¿Lo volvieron a ver con su otra movida?—

—¡N´ombre, compita! ¡No la joda!—

—¿´tonces que chingaos le pasó?—

—¡Le digo que esto cosa del meritito chamuco!—

—hora sí se chingó el asunto ¿Cómo quiere que le crea uno semejante tarugada, compagre? A mi se me hace que se volvió a cagar y no sabe como decirme; usted se zurró de güelta y le da pena decirme ¿Qué no?—

El gordo peló los ojos y se acercó más a su compa –pus por ahí va la cosa, pero no es eso mero — susurró cuidando que nadie lo oyera.

—¡oooh que la! ¡¡¿Pus me va a contar o no?!!—

—oo chingá, pérese ya, hombre; no se me emperre—

—¡Pus suelte la sopa!—

—güeno, pus resulta que después de pistiar y despedirme de usté y del Pancho, pos agarré ´pa la casa—

—ajam—

—como ya iva yo medio pedo, me regresé por el otro lado—

—¿acá por Zaragoza?—

—ándele, por donde el otro día se andaba usté partiendo el hocico, mi compita—

—no sea mamón, compagre—

—¡oooh, pus es la verdá!—

—sí, ya sé pero no se burle; caer de trompa y sin meter las manos no es tan divertido—

—bueno ya, no se me encabrite; la cosa es que me regresé por la Zaragoza para que no me juera a ver la mamá de mi vieja que vive en la 16—

—¿Y se cagó de la preocupación?—

—¡N´ombre, pérese!—

—güeno ya, hombre sígale—

—pus iba yo en la veredita que pasa por atrás de la Zaragoza para hacer más escondido mi desmadre, nomás que me entraron unas ganas bien requeteperras de ir a cagar, compa—

—¿Pero se aguantó?—

—¡Ahuevo!—

—¡Eso, compagre! ¡Así se hace, chingao!—

—y pus me aguanté, pero ya me andaba—

—¿Y siempre qué hizo?—

—Pus lo que muchos, compita; irme a cagar en el monte, total que está rete crecido porque ya ve que estuvo lloviendo bastante—

—sí, sí me acuerdo; por lo mismo del lodo me andaba yo partiendo media madre—

—ah, güeno; pus pa que vea—

—¿Y luego?—

—Pus ahí andaba yo, con las nalguillas pelonas, arranado, pero... eso sí, viendo para la veredita; imagínese que pasara un cabrón, mejor que me vea los bigotes y no la cola—

—eso sí, compagre; hizo bien—

—para esto, fìjese que... yo creo nunca había cagado tanto—

—¡Pérese! ¡Pérese! ¡Pérese! ¡Sin detalles compagre! Si sus pedos dan asco, imagínese lo gacho que es imaginarme lo que cagó; no me friegue—

—ta güeno, pero le digo que ahí estaba yo todo indefenso y pedo. De de pronto . . .—

—¿De pronto que, compagre?—

—se oyeron unos ruidos entre el monte, como que alguna chingadera anduviera rondando—

—¡Era un tlacuache, compadre, no mame!—

—¡No, esos corren en friega; esta cosa era macabra; como si juera despacito ´pa fregarme; con decirle que hasta sentía yo la mirada—


—¿Y usté ya por eso creé que lo enyerbó la Teodora?—

—pos si, porque ya me había yo chocado de ella y la pensaba cortar; aparte que mi vieja ya se las huele. A mi se me hace que la pinche Teo no me quiere soltar; esa madre que andaba en el monte... era el Chamuco—

—pero nomás jue un ruidillo, compagrito; no se me espante—

—pérese, que ahí no acaba el pedo, mi compita—

—¡Ahh, cabrón!—

—yo volteaba para todos lados y no veía ni madre, pero el espíritu maligno seguía rondando, aparte estaba raro porque sus pasos los oía primero por un lado y luego por otro más ´patrás; sepa la chingada cómo le podría hacer un tlacuache para andar en todos lados; esa madre no era un animal, Compita—

—¿Y luego?—

—pus se aplacó un rato; yo ya hasta andaba resando ¿Usté creé?—

—no la amuele; rezar mientras se caga es pecado—

—pus si, pero me persiné ´pa que no se enojara Diosito—

—a pus así, sí—

—pero le decìa, compita: ya estaba yo tirando el último pujido, cuando, de repente . . .—

—¡¿Qué pasó?!—

—¡Que voy sintiendo una pinche pedradota por el espinazo!—

—¡No la joda!—

—por esta, compita; se lo juro por esta mera—

—¿Y estaba muy grandota la piedra?—

—pos no, pero traía una juerza perrísima; hasta lagrimitas me salieron—

—¡Uuuta! Esque... ya siendo así, está más cabrón—

—pus le estoy diciendo, pero no me cree—

—¿Y usté que chingados hizo?—

—no pus, para empezar, con el madrazo hasta limpiarme la cola se me olvidó, patas me faltaron, compa; con decirle que hasta lo pedo se me bajó—

—¡Híjole y con el trabajo que nos costó ponernos ese pedo!—

—¡Pos sí, pero era el diablo!—

—no pus ya visto así, sólo el diablo es tan desgraciao—

—eso mero pensé, compa—

—oiga, no lo quiero interrumpir, pero este escuincle pelón ya acabó de bolearle las botas desde hace rato y usté nomás no se para del banquito—

—¡A chingá, sicierto! Discúlpame, niño; ten tu monedota—

—gracias, señor—

Los compadres ya se iban y yo estaba por carcajearme, pero el bigotón, nalgas de burra se regresó.

—¿Qué tú no eres El Pelón? ¿El hermano de la Gallina?—


—sí ¿Porqué? ¿Qué quiere?—

—no, pos nada; nomás que ya escuchaste lo que me pasó, ahí le dices a tu hermano que en el monte, detrás de la casa onde vives, espantan; que vayan llevando un curita porque entre las ramas de chicleque se aparece el diablo y el muy desgraciado te apedrea cagando—


Yo, la verdad, no sabía si existía el diablo, sólo me acuerdo que, durante mi infancia en la huasteca, fui muy pobre, que la gente con televisor era muy poca, que detrás de mi casa había monte, que apedrear cagones era mi deporte favorito y que nunca me habría imaginado que llegaría a bolearle los zapatos a una de mis víctimas...

1 comentario:

Bruja Kozmica dijo...

jaaaaaaaaaaaaaajajajajajjajajaaa XD cof cof jajajaja, eso de que rezar cagando es pecado no lo sabia, tantas cosas que hay por aprender ...wenisimo wenisimoo ya te odio mas