Hoy un gran amigo soñó conmigo.Soñó que estábamos sentados en una reunión muy importante y que, entre los funcionarios de traje y corbata yo estaba ido por completo.
Estaba ido...
Como los muñecos de tela que existen, pero no son;
que permanecen, pero se fueron antes de llegar.
A mi lado estaba sentada la figura indeseable de Mi Madre, ese símbolo oscuro que he dibujado en la mente de mis amigos; la clave irremediable de mis dolores más profundos.
Por sí misma la escena relatada fue terrorífica, pero lo fue aún más saber que mi madre había colocado sobre mí un letrero indicándole al mundo entero como llamarme.
Al final de la onírica reunión sólo mi amigo y yo nos quedábamos en la extraña habitación con un árbol repleto de espinas, él me abrazaba y yo le devolvía el abrazo; me retiraba después.
Mi amigo se quedaba junto al árbol llorando con una tristeza muy amarga
"Lloraba por tí, porque en ese sueño tú no podías hacerlo" me dijo cuando terminó de contarme el sueño.
Entendí entonces que mi vida se ha extendido a las entrañas de otras tantas, comprendí de pronto que los amigos no somos únicamente esferas rebotando constantemente entre nosotros (el choque de una impulsa a la otra), sino algo más: jardines enteros donde las raíces de unos perforan las de los otros y se mezclan. No sólo nos impulsamos entre todos, a veces unos se refrescan con el agua que otros beben y las raíces extravían los linderos de la personalidad; estamos conectados como una gran urdimbre de cables y tripas soñando las aveces colectivas atmosferas de cada cual.
Supe así que cuando no pueda llorar mi propia desgracia habrá ojos que la lloren como suya, hoy logré entender porqué lloré algunas veces el sentimiento que otros no lloraban, entendí que aquello no era lástima (como pensaba atormentado); comprendí que la vida puede muchas veces transferir sentimientos a otros vientres y parirlos como lágrimas en ojos distantes.











