miércoles, 13 de abril de 2011

Talento

—¿Qué piensas?—
—pienso que tu único talento es ser más y más decepcionante cada vez—
—¡Púdrete!—
—tú preguntaste, yo estaba callado...—

sábado, 5 de marzo de 2011

Pino

Hice una pausa al ensamblar aquel pino artificial y corrí apresurado a contestar el teléfono. Los árboles del jardín miraron etonces por la ventana y lo encontraron ahí, desnudo, solo, mudo; expuesto a mitad de la sala con la monótona sencillez vespertina de un mueble tímido...

-¿Quién es él?- preguntó el árbol más jóven.
-es un maniquí...- respondió el otro

jueves, 30 de diciembre de 2010

—¡¡Carmelo!!—

—¡¡Mande, patrón!!—

—¡¡Ven acá, jijueputa!!—

—¡¡Diga, diga!!—

—a ver, a ver, a ver… respira, cabrón—

—sí… sí señor—

—mira, pelao: insemina en chinga a este piche perro—

—pp… pp… pero señor, el Pulgas es macho—

—¡¡Ya sé, pero ahorita no hay nada bueno en la tele!!—

domingo, 19 de diciembre de 2010

La ciudad de la furia


Mirábamos desde la sexta fila el último concierto de Soda Stereo...
Saltábamos como desquiciados, pero esa noche decidimos no drogarnos, no bañarnos; no usar ropa interior ni traer en la bolsa cigarrillos.
Habíamos ahorrado todo el semestre para comprar nuestros boletos "debemos recordarlo todo, todo, todo" dijo ella "hoy nos vamos a poner muy idiotas, pero sin ayuda, muchachito marica". Así que me puse de puntillas y abracé fuertemente su cintura. Le mordí la nunca y gimió para mí. Siempre fue más alta que yo, usaba además de su colosal estatura un par de tacones vulgares y robustos que rehusaba dejar en casa por mero orgullo. Mis complejos no le importaban un carajo; si yo era enano o no, le venía del todo igual. Después de todo no pensaba dejar las alturas de su rascacielos personal y mucho menos por tenerle piedad a un amante enano. Sin embargo yo insistí en aferrarme a sus caderas y levantarle la falda para lavarme las manos en su lavabo inguinal.
El primer coro estaba sobre nosotros.

Me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas...

Mirábamos los reflectores hasta que los relámpagos de magnesio nos dejaban ciegos y entonces llorábamos la letra de la canción, como gatas que se retuercen con la mordida de un cocodrilo "¡¡Entre tus piernaaaaas!!" gritábamos desafinados "¡¡¡¡¡Entre tus piernaaaaas!!!!!".

Sabrás ocultarme bien y desaparecer entre la niebla,
Entre la niebla...


Entré y salí infinitas veces del violento caleidoscopio genital, ciclando la rabia como los pedales de un triciclo cuesta abajo. La rasguñé por dentro, se cagó de risa, me preocupé, babeó, lloré. Escupió su chicle, le calló al chico de adelante, reí, él no lo notó, ella cerró los ojos, abrió las fauces, sudé helado, me pisaron, no me dolió, grité, gritó, le mordí una axila. Entre y salí del violento caleidoscopio genital mil veces más. Con menos piedad... hacia mí, hacia ella, hacia ambos.

Un hombre alado extraña la tierra...

Volábamos mucho y ella tardaba siempre el triple en llegar al cielo.
Era casi un axioma: siempre fue lenta para hacer explotar su avión de alaridos y yo necesitaba entonces distraerme, pensar en cosas distintas por instantes, anestesiar la rabia, administrarla mezquinamente. Yo solía esperarla sin dejar de aletear, tenía que volar por momentos en reversa o sobrevolar en pilóto automático grandes extensiones de territorio pélbico, resistir en esa espera ondulante, mantener obstinado la marcha hasta que sus muslos invencibles se ablandaran de la nada y colapsaran en su justo núcleo, destrozados, rendidos; abandonados a la derrota como un edifico demolido por un escalofrío de dinamita.

Inició la transmisión de espasmos...
Su instinto llamó por la radio, habló anunciando el aterrizaje forzoso de una hembra descuartizada "¡¡En el segundo coro, cabroncito!!" rogó deshecha, yo lo sabía: estaba a punto de quebrarse en dos trozos de carne "¡¡Quiero que sea en el segundo!!" suplico nuevamente. La tomé por las tetas y sentí estrangularla como a un tubo de pasta dental. Sostuve entre mis dedos las ubres de la aguda jirafa católica y noté decepcionado súbitamente que nadie al rededor nos miraba. Ninguno de todos ellos estaba siquiera un poco alarmado, nadie se masturbaba mirándonos coger ni a nadie le asustaban nuestras carcajadas estando ahí, tan brutalmente cerca del impacto que abre la puerta a los muertos.

La canción era más fuerte que nosotros, que nuestros sexos; que los treninta tornillos faltantes en el inventario de nuestras cabezas empapadas de grasa y sudor. El plan se vino abajo para mí: nadie nos deseaba, nadie nos tenía asco; todos miraban hipnotizados al frente con esos rostros enajenados a punto de parir lágrimas.
El segundo coro estaba cerca...

Nadie sabe de mí y yo soy parte de todos...

Sentí de pronto que odiaba la jodida canción. Me pregunté, quizás para reforzar mi cólera, qué demonios era eso que hacía tan especial al puto amasijo de palabras y acordes ¡¡¿Qué?!!

Me verás caer como una flecha salvaje,
Me verás caer entre vuelos fugaces...


Ella tampoco se resisitó al conjuro y olvidó mi nombre con esa justa combinación de palabras, se derritió sobre la marcha mecánica de mi sexo cuando el segundo fósforo la llenó de fuego "¡¡Me verás caeeeeeerr!!" gritó mientras absorbía mi universo entero con las nalgas.
Caí entonces en la cuenta que la canción no tenía nada de especial. Neruda era mejor poeta y Lara mucho mejor músico. Pensé tal vez que lo especial era la red magnética de frecuencia modulada volando invisible por las alturas de la capital. La radio omnipresente y todas las cintas magnéticas de la ciudad, el alcohol barato de las reuniones inesperadas, los 700 mb de cada compacto, la crisis del sentido; el entero sistema circulatorio que había regado por todo el continente la canción.

Nadie sabe de mí y yo soy parte de todos...

Sonreí sobre su cuello y la saliva que regué por accidente pisó de nuevo su acelerador, overdrive. Saltó en el aire mientras caía, sus alas quebradas resucitaron al tercer compás, afterburning starting, aceleramos, recrudecimos la inyección de poder, las élices asustadas lloraron de pánico, decapitamos 2, 732 nubes en 30 segundos y estrellamos al final nuestro mútuo avión de porquerías contra la sólida muralla que teníamos enfrente. Nos partimos en pedazos contra la energía de las bocinas, colapsamos, reventamos violentamente en la matriz del caos y la pegajosa sangre blanca de mi vuelo escurrió por sus piernas hasta bautizarle los tobillos.
Su estatura me convino siempre, su trasero aún más. Le jalé el cabello, retorcí el puñal y salí del caleidoscopio de un solo golpe. Las vísceras de su perfume calleron al suelo. Se lanzó muerta de alivio hacia atrás y yo la atrapé entre mis brazos como si viniera derrumbándose por siglos desde la cima de una pirámide trófica.

Justo como pactamos, la vi caer.

Entendí entonces que un arrogante trío de artistas bonaerenses puede grabar sus ideas una tarde y venderlas después con soberbia, creyendo de antemano que sus huecas palabras le importarán al triste mundo. Tres hombres bastan para echar al viento un puñado de símbolos, volverlos polen, hacerlo volar por el aire anónimo que separa a una antena de otra. El país entero morderá siempre las piezas de sinapsis cuales peces burócratas tras carnada sonora y una nación quedará pescada. Y la multitud creerá ingénuamente que las estrofas dicen en algo importante, creerá quizás por accidente que tienen algo en común con la vida, que encierran un significado. Todos cantarán palabras ajenas en la ducha o al conducir, al coger en la cocina; al trabajar en el restaurante familiar a punto del embargo bancario.

Aprendí aquel día que, si fue escrita de madrugada, cada canción se pegará inevitablemente a las paredes de la memoria, como una cinta adhesiva amalgamada a las rutinas, a los escenarios, a las heridas; a las historias.

Nosotros mirábamos desde la sexta fila el último concierto de Soda Stereo...
Saltábamos como desquiciados, pero esa noche decidimos no drogarnos, no bañarnos; no usar ropa interior ni traer en la bolsa cigarrillos.
Se nos dio la gana ahorrar durante un semestre la plata necesaria para reunirnos a solas en el estadio con 60 mil desconocidos, a solas con los autores de la que creíamos "nuestra canción", a solas con el sountrack oficial de nuestros variopintos coitos (coitos circuitos... decía ella cuando estaba ebria).
Intentamos aquella vez arrancarnos la melodía del cerebro, enjuagarnos, despegarnos de la piel esa cinta adhesiva. Fue justo así que encontramos lo imposible de regresar una canción a su dueño sin restos de tu existencia. La cinta arranca bellos al marcharse.

Me dejarás dormir al amanecer...

Entre las explosiones concatenadas de un concierto la obra retorna melancólica a su autor, como los ríos deslizan hacia el estómago de su mar. La inspiración vuelve al nido original llevando tras de sí el aroma gris de las calles, polvo de los parques, trozos de los trozos de los parques; trozos de todas las ventanas que transformaron al sentimiento en algo más que ilusión percápita: leyenda quizás, mito fundante.

Ese destino de furia es lo que en sus caras persiste...

Una tercia de músicos abría los brazos al morir septiembre y yo intentaba cerrar la boca mientras ella volvía a abrirla mil veces más sobre su lengua. Las metáforas volvían pródigas a casa sintiéndose aún ebrias, ebrias de vida, o de vidas, de vidas reales. Retornaban maduras, heridas, resentidas, bañadas a veces en sangre y usando cuerpos humanos como rehenes. El estadio de River Plate se volvió ante mi sorpresa un campo de concentración, un masivo paredón donde cada fanático iba siendo fulminado por el disparo irreversible de su acorde favorito.

Me verás volver...

Nos miramos "debemos recordarlo todo" dijo ella por última vez.

Me verás volver,
A la ciudad de la furia.



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jueves, 4 de noviembre de 2010

Único

K2-3A3 era un robot normal...
Pertenecía, como la gran mayoría, al grupo de los robots que creen ser únicos.

viernes, 7 de mayo de 2010

El Mocos pensó...

Toda la Biblia tiene letras chiquitas con cláusulas muy importantes y creo sinceramente que deberíamos leerlas bien, porque es un contrato muy truqueado, un pacto injusto al estilo Telmex y, para acabar pronto, si se desea aborrecer o amar a Dios, bastará leer la Biblia con atención; las pruebas de su grandeza, volubilidad, amor y negligencia están ahí (con letras chiquitas).

¿Y qué deberíamos hacer al final?
¿Aceptar al creador con todas sus imperfecciones? Después de todo son muy entendibles...
¿Deberíamos quizás dejar de creer en él y darle la oportunidad de cuestionarse a sí mismo en paz?

...con quien mas deslealtad mostramos es con Dios, al que no le permitimos pecar... -Nietzsche-

-mira, Amá; si nos volvemos ateos y le damos vacaciones a Dios... ¡¡Dejará de hacer pendejadas algún día!!- dice enrusiasmado el chamaco pandroso mientras mastica unas jícamas con chilito -ni Dios, ni la procuraduría, ni el ISSSTE, ni Dr. House pueden atender a todo mundo; ta cabrón ¿No crees?-

-¡Pero Dios hace milagros, Hijito Mío!- responde Doña Petrita arrugando con angustia su delantal de cuadritos -lo necesitamos mucho; ¡Él puede abrir los mares y hasta curar el cáncer!-

-sí, pero le da miedo bajar a cortarle el pito a los pederastas que el gobierno protege- responde Tomás Barradas "El Mocos" -ese milagro, por ejemplo, sería muy útil-

-pues sí, pero...- la señora llora destrozada y jala mocos entristecida -ya hará justicia algún día...-

-bueno, Amá, cuando Diosito se digne a ponerles en la madre a esos ojetes, podría también bajar y darle "ctrl+z" a todas las palabras que los judíos y romanos dijeron en su nombre; sirve que vamos cancelando de una vez el tráfico de almas-


Hagamos una pausa...


Ocurre que, cuando tenía 6 años, El Mocos vio una película gabacha muy rara, una peli donde un Jesús gringo muy andrógino -doblado, por cierto, al español peninsular- decía:

"Padre: ¿Porqué me has abandonado?"

El Mocos nunca entendió el sentido de la frase -¿¡Apoco Dios abandonó a su hijo a la mera hora??- pensó. Sin embargo no se detuvo demasiado con eso, se rascó la cola, se olió el dedo, fue a echar la cáscara y al crecer, se dio cuenta de dos cosas simples:

  • Jesús rifa -y rifará- por haber sido uno de los pocos humanos dispuestos a dejarse meter clavos y puntapiés a cambio de un poco de atención (y cabe señalar que el jovenazo en cuestión consiguió más o menos dos mil años de atención por su rockerísimo performance de crucifixión).
  • Jesús también rifa porque vivió como verdaderas las reglas que Dios decidió aventar al mundo y que a la fecha no ha podido respetar (a Dios le pasó como a Fidel Castro).

Sin embargo,
Dios no fue tan bondadoso como lo fue Jesús (quizás jesús se pasó de buey)

Dios ha sido vengativo -muy vengativo- desde hace mucho, lanza bombas nucleares a media peda y, si volteas a documentar el atentado, te convierte en estatua de sal. Si a Dios no le late su primer algoritmo de programación conductual y los monitos que crea se salen de su control, entonces manda un diluvio y los extermina a casi todos como si fuera... ¿Quién te late? ¿Díaz Ordaz? ¿Hitler? ¿Franco?...

Y mientras iba en el autobús, El Mocos venía pensando:

¿Dios es amor?//Sí, la mera verdad, sí//En la guerra y en el amor todo se vale?//Pues... sí//¿Para Dios todo se vale?//Ahuevo que sí//¿Para los humanos todo se vale?//Ni madres. Disfrutar nuestro instinto y razonar científicamente son parte de una gran lista de pecados por los cuales hay que avergonzarse.//¿Y Jesús lo mandó al pito como sería natural?//No, para nada; él tomó aire y cumplió las reglas aunque fueran injustas porque tuvo unos huevototes muy retacados de honor.

Luego...
El Mocos se bajó del autobús y venía pensando que Dios se la mamó, porque, cuando Jesús cumplió con todo lo que un humano debería cumplir, el Creador del cielo y de la tierra se quedó jetón y se hizo guaje.

Al final de tremenda canallada divina, Jesús se aventó la blasfemia ganadora del Nopal de Oro, la sagrada y pacífica pintada de caracolitos que nadie había podido lanzar al infinito, se cagó en la madre que parió a la eternidad enterita y, con la greña empapada de orgullosa sangre homínida, PERDONÓ AL CREADOR

-¡¡¡Qué-hue-vo-tes!!!-.

Sí, caon...
Le dio chance de dar una explicación a senda negligencia
y en lugar de gruñir y pintarle dedo, le dejó un recadito con chance de justificación:

"Padre: ¿Porqué me has abandonado?"

Es como preguntar:

"Oiga, Apá:

¿Porqué no llegó al jale?
Yo aquí estaba desde temprano,
con todos los papeles en regla y hasta copias.
Le traje a usté su lonche y su coca bien fría,
traje pico de gallo, el corazón lleno de fe,
mi certificado de santidad, 9.9 en el CENEVAL...
Ahhh y también estos clavotes que,
acá entre nos, me dan un poco de cosquillas cuando me río;
esque la rajada en las costillas...
pus, se siente retechistosa cuando le pega el aire.

Pero me imagino que algo importante tuvo usted que hacer,
luego nos vemos y me dice por qué ya no pudo venir"


Jesús murió y, cuando a Dios se le bajó la peda, llegó.
Sí, llegó unas horas tarde y ya lo encontró muy pálido, así que nada más puso cara de "¡En la madre!" y a los tres días desapareció el cadáver mientras silbaba y se hacía del avión.


Por eso El Mocos es uno de tantos cristianos ateos haciendo fila en el Cine Teatro Utopía.

-Jesús perdonó a Dios...- pensó -se pasó de lanza-

Mientras tanto, es recomendable leer las letras chiquitas antes que un sacerdote ponga agua sobre tu frente y te quiera perdonar un pecado original que, siendo netos, no te toca pagar. Lo mismo podríamos hacer con el recibo de Telmex, donde pagas llamadas inexistentes a Marruecos, o bien, pedir el comprobante personalizado de donación para evitar el atraco fiscal del amado Teletón.

Sólo a propósito de letras chiquitas.